Pan, Señor de la fertilidad y la sexualidad masculina

    Varios dioses y diosas poderosos de Grecia nunca han sido incluidos entre los doce olímpicos. Pan, por ejemplo, un tipo humilde, ahora muerto, se contentó con vivir en la tierra en la Arcadia rural; Hades, Perséfone y Hécate sabían que su presencia no era bien acogida en el Olimpo y la Madre Tierra era demasiado vieja y apegada a sus costumbres para acomodarse a la vida familiar de sus nietos y bisnietos.

    Algunos dicen que Hermes engedró a Pan con Dríope, hija de Dríops; o con la ninfa Énoe; o con Penélope, esposa de Odiseo, a la que visitó en la forma de un morueco; o con la cabra Amaltea. Se dice que era tan feo al nacer, con cuernos, barba, cola y patas de cabra, que su madre huyó de él temerosa, y Hermes lo llevó al Olimpo para que se divirtieran los dioses. Pero Pan era hermano adoptivo de Zeus y por lo tanto mucho más viejo que Hermes, o que Penélope, en quien, según dicen otros, fue engendrado por todos los pretendientes que la cortejaron durante la ausencia de Odiseo. Otros más le hacen hijo de Crono y Rea, o de Zeus e Hibris, que es la explicación menos improbable.


    Vivía en Arcadia, donde guardaba manadas, rebaños y colmenas, tomaba parte en las orgías de las ninfas montañesas y ayudaba a los cazadores a encontrar la presa. Era en general tranquilo y perezoso, nada le agradaba más que la siesta y se vengaba de quienes le perturbaban lanzando un fuerte y súbito grito desde un bosque o una gruta, que les erizaba el cabello. Sin embargo, los arcadios le tenían tan poco respeto que, si alguna vez volvían de un largo día de caza con las manos vacías, se atrevían a azotarle con cebollas albarranas.

    Pan sedujo a varias ninfas, entre ellas a Eco, quien le dio a Iinge y tuvo un final desdichado por amar a Narciso, y Eufema, nodriza de las Musas, quien concibió a Krotos, representado luego en el Arquero del Zodíaco: Sagitario. También se jactaba de que había poseído a todas las Ménades borrachas de Dioniso.

    En una ocasión trató de violar a la casta Pitis, quien se le escapó sólo metamorfoseándose en un abeto, una rama del cual llevó desde entonces como guirnalda. En otra ocasión persiguió a la casta Siringe desde el monte Liceo hasta el río Ladon, donde se transformó en una caña; allí, como no podía distinguirla a ella de todas las demás, tomó varias cañas al azar e hizo con ellas una siringa. Su mayor triunfo en el amor fue la seducción de Selene, que realizó disfrazando su piel cabruna velluda y negra con vellones blancos bien lavados. Sin darse cuenta de quién era, Selene consintió en cabalgar en su espalda y le dejó hacer lo que quiso con ella.

    Los dioses olímpicos, aunque despreciaban a Pan por su simplicidad y su afición al alboroto, explotaban sus facultades. Apolo le sonsacó el arte de la profecía y Hermes copió una flauta que Pan había dejado caer, pretendió que la había inventado él y la vendió a Apolo.

    Pan es el único dios que ha muerto en nuestra época. La noticia de su muerte la dio un tal Tamo, marinero de un barco que iba a Italia pasando por la isla de Paxi. Una voz divina gritó a través del mar: «¿Estás ahí, Tamo? Cuando llegues a Palodes cuida de anunciar que el gran dios Pan ha muerto», lo que hizo Tamo; y la noticia fue acogida en la costa con gemidos y lamentos.

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